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Emilio Bascuñán, director Conchalí Big Band: “Buscamos generar una red de orquestas juveniles de música popular, lograr una institucionalización y que sea una política pública”

La emblemática big band juvenil, que se presenta este sábado 26 con un repertorio cargado de swing tradicional en el 4° Festival de Big Bands y Jazz, vive una profunda crisis luego de la pandemia. Sin aportes financieros, con pocos alumnos e instrumentos, el actual director reflexiona sobre esta realidad que los afecta tanto a ellos como a otras orquestas populares del país.

Entrevistas 26/11/2022 Danilo Barra Danilo Barra
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Emilio Bascuñán. Foto: Danilo Barra Rojas

Emilio Bascuñán es compositor, profesor y director de la Conchalí Big Band. La orquesta funciona desde 1994, ha realizado tres giras internacionales, tres discos con música original y ha sido la cuna de destacados instrumentistas de distintas edades del país. Desde aproximadamente el año 2005 que Emilio empezó a relacionarse con la agrupación , cuando presentó sus composiciones para big band al creador y director de entonces, Gerhard Mornhinweg.  En el ensayo siguiente ya se estaban montando esas obras. Ahora, junto a Cristian Gallardo, está a cargo de una de las más emblemáticas big band del país y la situación de la orquesta es muy distinta.

La pandemia y las cuarentenas afectaron gravemente al sector cultural y la Conchalí Big Band no fue la excepción. Durante los años de pandemia, la orquesta no existió. El año 2021, a pesar de todo publicaron el disco llamado Kinich Ahau y lograron reactivar la banda. Pero la situación no mejoró, actualmente no reciben aportes de ningún tipo, los profesores tienen muy pocas horas, existe un déficit de alumnos, algunos instrumentos han sido robados y otros están en malas condiciones. La principal meta a corto plazo es no morir.

¿Cómo ha sobrevivido la Conchalí Big Band los últimos años? 

Desde su origen fue una orquesta que funcionaba al alero de la Municipalidad de Conchalí. Históricamente ha sido así, pero esa dependencia igual es un problema porque los recursos destinados a la Conchalí siempre han sido muy pocos. En el 2019, con el término de las clases y luego la pandemia, la municipalidad cortó el vínculo con la orquesta. Los profesores dejaron de recibir su remuneración porque se acabaron las clases, la orquesta no recibió más aportes y se generó una tremenda crisis. Luego, en el 2021, con un fondart para un disco logramos sacar Kinich Ahau y articularnos un poco. Pero después de la pandemia la Conchalí Big Band casi no ha existido.

¿Cuál es el estado actual?

Recién en junio con el apoyo de Coresam rearmamos la escuela, con poquitos niños y con pocas clases en el Liceo Almirante Rivero. Tenemos pocos alumnos, tenemos instrumentos que deben ser reparados y las condiciones en general no son las mejores.  Es todo bastante precario. Con la pandemia estuvimos 2 años sin tocar ni tener clases, entonces el nivel bajó harto. Pero estamos apostando a mostrar el proceso y visibilizarlo. Las orquestas como la Conchalí Big Band son instancias bastante precarias en Chile a diferencia como uno imagina. Nuestro proyecto financieramente es bastante precarizado en comparación con nuestra contraparte de música docta, las orquestas de la FOJI. Ellos reciben aportes permanentes enormes y nosotros no recibimos ningún aporte directo, de hecho, estamos siempre en crisis financiera.


¿Los fondos estatales son suficientes? 

Menos que lo básico. Por ejemplo, los 25 millones que podemos optar por el fondo para Orquestas Profesionales Populares cubre lo básico y solo ganan cuatro orquestas populares de todo el país al año, y este año no lo ganamos. Nuestro funcionamiento no puede depender de fondos concursables ni de la administración de turno de la municipalidad, menos para un proyecto tan emblemático. En este último tiempo he tenido varias reuniones, politizando un poco esto, porque creo que es la vía que tenemos para poder profesionalizar la orquesta. Buscamos generar una red de orquesta juveniles de música popular, lograr una institucionalización y que sea una política pública.  Cuando yo veo cómo funciona la FOJI y cómo funcionamos nosotros, veo una injusticia tremenda.


¿Cuáles son las trabas para que exista una política pública que aporte a las orquestas populares juveniles?

Me he dado cuenta que se necesita mucho lobby para esto y las orquestas de música popular nacen en lugares donde no hay un vínculo con la elite, con la clase política. Me han hablado por redes sociales orquestas de distintas regiones diciéndome que tienen los mismos problemas. Entonces, estoy tratando de generar esa red. Tuvimos una reunión con la ministra de Cultura, pero mi impresión es que ellos no le toman el peso a lo que realmente pasa. Cuando terminó la reunión sentí que lo que dije entró por una…¡No, ni siquiera entró por una oreja! La ministra me dijo en mi cara que ella tiene que preocuparse por el programa de gobierno y esto no está en el programa de gobierno. Lo mismo en la municipalidad, mi impresión es que no le toman el peso a lo que es, lo ven como unos cabros que están ahí tocando música no más. Es triste.


¿Qué han tenido que hacer para financiarse cuando los fondos no alcanzan o no se obtienen?

La Conchalí tiene algo que se ha perdido un poco, porque la pandemia nos afectó demasiado, que es el espíritu de resistencia. Me da pena que el proyecto pierda esa relevancia y espíritu que tenía. Estamos tratando con la generación actual de jóvenes de la Conchalí Big Band de generar nuevamente ese espíritu. Cuando no hay recursos, hay resistencia, si no hay lucas vamos igual, llevamos las cosas y nos presentamos igual. Cuando falta, se financia con puro espíritu y profesores muy comprometidos. La Conchalí tiene tres pilares que van por lo educacional, artístico y social. Mientras se puedan mantener, la orquesta va a seguir viva.


¿Está muy lejos de recuperarse, al menos a como estaban antes de la pandemia?

Estamos tratando de volver a retomar esto, pero estamos lejos, la orquesta llegó a tener 80 estudiantes y ahora tenemos 14.  Debemos recuperar la lógica de ser una instancia profesional en una orquesta juvenil y escolar. A pesar de que hoy tenemos un grupo que es constante en la asistencia a clases y al ensamble, no tenemos una participación como la que yo veía antes, que la orquesta era una cuestión que funcionaba sagradamente. Estaban todo el día tocando, tocaban en el colegio cuatro veces a la semana y estaban todo el día ahí. Había un vínculo más profundo, por eso hay tantos profesionales que salieron de Conchalí Big Band.


¿Crees que la música es una buena herramienta para los cambios sociales? ¿Cómo ves esto en la Conchalí? 

Si, de todas maneras, pero es más que eso. También es una herramienta de sensibilidad artística, por ejemplo, que jóvenes de 15 años hablen entre sí de un solo de Coltrane, muestra que buscan el valor en algo distinto a  su generación. También los niños le dan valor a la enseñanza, la forma en que aprenden es significativa para ellos. Así se da ese sentido de pertenencia con la Conchalí. Pero no quiero llegar a pensar que es un proyecto asistencialista. El mismo director y creador del proyecto, Gerhard Mornhinweg, me lo decía: “no quiero ser parte de un programa antidrogas donde la música solo es una alternativa”. Esto es una big band, una orquesta, una escuela de música donde se colabora en otros aspectos. Pero el impacto de la Conchalí Big Band tiene tres pilares, en lo social, lo que estamos hablando; en lo artístico, queremos ser un referente en la música, grabar, tocar, girar en festivales; y en lo educacional, que se potencien a través de la música habilidades como el respeto, escuchar al otro y ser parte de un colectivo desde una posición de colaboración.


¿Cuál es el repertorio de la Conchalí?

La orquesta tiene un repertorio histórico que es el repertorio que armó Gerhard Mornhinweg utilizando este como método de enseñanza. En general las big bands tocan más o menos lo mismo, que son clásicos como Days of Wine and Roses, A Night in Tunisia, In the mood, que son como hit de la Big Band y ese es el repertorio que está en las carpetas, el repertorio histórico. Además, hay partituras escritas a mano por Carmelo Bustos y eso es muy enriquecedor. Cuando se toca repertorio nuevo se guarda en carpetas aparte, como el último disco que se montó, el Kinich ahau. Entonces, tú tienes la carpeta del disco nuevo y las carpetas con el repertorio clásico, en total es una maleta llena de partituras.


¿Qué se viene para la big band?

Necesitamos volver a generar más vínculo con la comunidad. En la comuna la gente nos conoce, nos respeta y nos quiere. El otro año, por lo menos, queremos hacerla sustentable. Con esto solo me refiero a sueldos para profesores, lo básico, así poder tener más horas y más alumnos. A mediano plazo, empezar a construir una política pública que beneficie a instituciones como la Conchalí Big Band y no dependamos del municipio, ni gobierno de turno. Que sea una cuestión estatal, donde se le asigne un financiamiento permanente, ojalá a través de una fundación de orquestas populares y que tengamos la misma relevancia que tiene la FOJI. Lo principal ahora es sobrevivir, los profesores ya no pueden trabajar prácticamente gratis y, si no hay profesores, la Conchalí Big Band como escuela se acaba.


Te invitamos a escuchar la presentación en vivo del ultimo disco de la Conchalí Big Band, Kinich Ahau, que se realizó en el  estudio Vinilo el año 2020:

4° Festival de Big Bands y Jazz

26 de noviembre 

Conchalí Big Band, Cerrillos All Star Big Band, La Chile Big Band, San Bernardo Big Band y The Ramblers

Entrada Liberada

19:00 

Parque García de la Huerta, Av. América #504


Danilo Barra Rojas. Aficionado al jazz y estudiante de cuarto año de periodismo en la Universidad Alberto Hurtado, con el foco puesto en las y los trabajadores de la industria musical chilena.

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